
No se trata de pedir más por pedir, sino de recibir lo que es justo. El principio de ordinalidad garantiza que las comunidades que más aportan no sean las que menos reciban una vez aplicada la solidaridad.
Es un concepto sencillo pero revolucionario en el debate territorial español: solidaridad sí, pero no hasta el punto de que quien contribuye acabe con menos recursos per cápita que quien recibe. Eso no es solidaridad, es desincentivo.
¿Por qué importa a Burgos?
Burgos y Castilla y León a menudo se encuentran en una posición incómoda. No somos los más ricos, pero tampoco los más pobres. Y en el actual sistema, a menudo nos quedamos en tierra de nadie. Aportamos esfuerzo fiscal, sufrimos despoblación y dispersión (que encarecen los servicios), y a cambio recibimos una financiación que no cubre el coste real de mantener escuelas y consultorios en cada pueblo.
Solidaridad con límites lógicos
La ordinalidad no rompe la solidaridad. Simplemente establece que el orden de renta antes de la redistribución no debe invertirse completamente después de ella. Es de sentido común. Si tú ganas 100 y aportas 20, te quedan 80. Si otro gana 60 y recibe 20, tiene 80. Pero si tú acabas con 70 y el otro con 90, el sistema falla.
"Defender la ordinalidad es defender que el esfuerzo fiscal de los burgaleses se traduzca en servicios de calidad para los burgaleses."
Necesitamos un modelo que reconozca el coste real de los servicios (dispersión, envejecimiento) y que respete el esfuerzo de quien contribuye. Eso es justicia. Lo demás son equilibrios políticos de pasillo.
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