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Artículo: Una democracia donde la pluralidad se presume pero no se permite - Análisis sistema electoral Castilla y León
Opinión 3 min lectura

Una democracia donde la pluralidad se presume, pero no se permite

26 Ene 2026
Redacción Decide Burgos

En Castilla y León, la ley dice que cualquier formación puede presentarse a unas elecciones. Lo que no dice —pero se encarga de garantizar— es que solo puedan competir las que ya estaban dentro.

El sistema está diseñado para que la pluralidad sea un eslogan, no una realidad. Para que la ciudadanía crea que hay opciones, mientras se financia únicamente a quienes llevan décadas ocupando el tablero.

Una formación pequeña que decide presentarse en Burgos se encuentra con un muro perfectamente construido: no hay adelantos, no hay mailing subvencionado, no hay acceso a debates, no hay visibilidad mediática y no hay recursos para llegar a los hogares. La ley no prohíbe su participación; simplemente la hace irrelevante. Es una democracia donde todos pueden hablar, pero solo se escucha a quienes ya tienen micrófono.

Un ecosistema a medida de los instalados

Mientras tanto, los partidos instalados disfrutan de un ecosistema hecho a su medida. Tienen financiación pública ordinaria, sedes pagadas, personal estable, asesores, mailing financiado y presencia garantizada en los medios. Cuando empieza la campaña, ya llevan años de ventaja. Y aun así, la ley insiste en que el límite de gasto es “igual para todos”. Igual en el papel, desigual en todo lo demás.

En Burgos ciudad, una formación sin representación previa no puede gastar más de unos 20.000 euros en toda la campaña. Veinte mil euros para competir contra organizaciones que cuentan con estructuras permanentes, publicidad institucional, mailing masivo y una presencia mediática que no necesitan pagar porque ya la tienen asegurada. La igualdad formal es impecable; la igualdad real es una ficción.

Un coro cerrado

El resultado es un coro cerrado. Los partidos de siempre se reparten los debates, los espacios, los recursos y la atención. Los nuevos quedan fuera antes de empezar. No pueden enviar su programa, no pueden explicar su proyecto, no pueden entrar en los debates donde se decide la agenda pública. Y aun así, se les exige que obtengan representación para poder recibir financiación… que solo se concede a quienes ya la tienen.

La ley presume pluralidad, pero financia la permanencia.
Presume igualdad, pero consolida la desigualdad.
Presume democracia abierta, pero funciona como un club privado.

"Si la democracia es de todos, su financiación también debería serlo. Hasta que eso no cambie, seguiremos votando en un sistema donde algunos compiten con altavoces y otros con un susurro. Y luego nos preguntamos por qué nada cambia."

Carrusel: La pluralidad se presume, pero no se permite

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#Democracia#Pluralidad#Burgos
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