Castilla y León, entre pactos rotos y territorios silenciados
Parte I: Una legislatura agotada y la política del miedo

La convocatoria de elecciones autonómicas en Castilla y León llega porque el mandato se agota. Pero sería ingenuo ignorar el recorrido político que nos ha traído hasta aquí. En esta Comunidad se ha instalado un patrón demasiado evidente: el PP pacta con quien necesita para ser investido y, cuando el acuerdo deja de convenirle o Madrid marca otra estrategia, lo deshace.
Ocurrió con Ciudadanos en 2021, cuando el deterioro interno del partido y la presión política llevaron al PP a adelantar las elecciones. Y volvió a ocurrir con Vox, aunque esta vez la historia fue más compleja. Vox decidió abandonar los gobiernos autonómicos en los que participaba como parte de su estrategia estatal, sí, pero en Castilla y León sus consejeros no querían irse. Algunos incluso estaban dispuestos a renunciar al partido antes que abandonar el Gobierno. Aun así, el PP no quiso mantenerlos. Prefirió quedarse solo con uno y apartar al resto. Porque también al PP le interesaba marcar distancias, diferenciarse, construir su propio relato: la derechita valiente por un lado, la derechita de siempre por otro. Cada uno inició su estrategia y Castilla y León quedó en medio.
Todo esto tiene un efecto devastador: erosiona la credibilidad de la política. ¿Cómo confiar en acuerdos que duran lo que tardan en incomodar a la dirección nacional del partido de turno? ¿Cómo creer en compromisos que se firman en Castilla y León pero se deshacen en cuanto Madrid levanta el teléfono?
Mientras tanto, se intenta convencer a los ciudadanos de que la "política útil" es la que concentra el voto en los grandes partidos para frenar al enemigo de turno. Es un mensaje sencillo, emocional y eficaz. El miedo hace el resto. Pero esa no es la política útil: es trilerismo. Es mover las cartas para que el ciudadano nunca vea dónde está realmente la decisión, ni quién se beneficia de cada pacto, ni por qué se firman acuerdos que luego se rompen con cualquier excusa.
Y mientras tanto, Castilla y León sigue atrapada en un modelo donde los intereses de Madrid se imponen en Valladolid, y donde nuestra Comunidad queda relegada a un papel secundario. Se prometió futuro, protagonismo y avance. Y sin embargo, seguimos encabezando rankings que solo reflejan mediocridad y estancamiento.
Por eso hay que cambiar la visión. Apostar por quienes sueñan con una política distinta, honesta, cercana y construida desde la tierra que pisan.
