
En este escenario de bloques enfrentados, pactos que se rompen y estrategias dictadas desde Madrid, las formaciones que defienden los intereses de sus provincias lo tienen especialmente difícil. Sin medios, sin foco, sin altavoz, su capacidad para llegar al electorado es limitada. Y cuando intentan hacerlo, se encuentran con un sistema político que prefiere la comodidad de lo conocido antes que la pluralidad de lo necesario.
Y mientras todo eso ocurre arriba, en los despachos donde se reparten estrategias y silencios, abajo —en los pueblos, en las comarcas, en las provincias que sostienen esta Comunidad— la sensación es otra: la de no estar en la conversación. La de que las decisiones se toman lejos y se sienten cerca. La de que Castilla y León sigue esperando a que alguien la mire de frente.
Porque en estas elecciones intentarán confundirnos. Dirán que se vota para "echar a Sánchez", para "mandar un mensaje", para "demostrar que los españoles no le quieren". Pero eso es humo. Aquí no se vota un plebiscito nacional: aquí se vota la gestión de Mañueco.
Un gobierno que ha demostrado que la estabilidad de Castilla y León es secundaria frente a la consigna que llegue desde Madrid. Un gobierno que prefiere sobrevivir al día siguiente antes que construir un proyecto para los próximos diez años.
Y mientras tanto, desde el Gobierno se suceden discursos triunfalistas que no conectan con la realidad. Mensajes que presumen de avances que nadie ve, de logros que no cambian la vida de la gente. Es la política convertida en un escenario diminuto, peleando por las sobras del plato, celebrando como victorias lo que no pasa de ser un resto. Pero fuera de ese pequeño teatro, la tierra sigue sin avanzar y los territorios siguen mudos porque no hay oídos para escuchar.
De ahí nace la idea de una voz útil, unida y potente. Una voz que no dependa de Madrid ni de Valladolid. Una voz que no se conforme con ser comparada entre mediocres. Una voz que hable por quienes viven aquí, por quienes quieren quedarse, por quienes quieren volver, por quienes no aceptan que Castilla y León siga siendo un territorio de paso.
"Esa es la razón de ser de la coalición Decide Burgos + Nueve Castilla y León. No es una suma de siglas ni un experimento electoral. Es un gesto de dignidad."
Una forma de decir: "Aquí estamos. Aquí seguimos. Aquí queremos futuro".
Porque Castilla y León merece algo más que sobrevivir. Merece protagonizar su propio destino. Y eso solo ocurrirá cuando su voz deje de ser un eco y se convierta, por fin, en una fuerza real.
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