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OpiniónAutonómica

Mañana se decide. Y no es un eslógan.

Carolina Blasco
14 Mar 2026
5 min lectura
Mañana se decide. Y no es un eslógan.
Otras ciudades tienen partidos que las defienden. Burgos lleva décadas esperando que alguien lo haga. Mañana es la última oportunidad de cambiar eso.

Hay ciudades que tienen partidos que las defienden. Que cuando se reparten las inversiones, cuando se asignan las sedes, cuando se decide dónde va el dinero, hay alguien en la mesa que dice: esto es para nosotros. Burgos lleva décadas sin esa voz. Mañana es la última oportunidad de cambiar eso.

No es un eslogan. Es la descripción exacta de lo que ha pasado. Hemos esperado el tren que no llega. Hemos visto cómo la Consejería de Industria se queda en Valladolid mientras Burgos genera el 25% de la producción industrial de la comunidad. Hemos visto cómo el Corredor Atlántico avanza sin que nadie exija que las mercancías de Burgos circulen por él. Hemos visto cómo se prometen autovías en campaña y se votan en contra en las Cortes. Hemos visto cómo el dinero público llega a quien conoce al concejal de turno mientras los demás esperan en la cola.

Todo llega tarde. O no llega. Y hemos aprendido a resignarnos. A aceptar que así son las cosas. A votar lo de siempre porque total, para lo que va a cambiar.

La resignación no es natural: la han construido con décadas de promesas incumplidas

No el PP. No el PSOE. No Sánchez ni Mañueco. El problema real es la resignación. La convicción instalada de que Burgos no puede esperar nada mejor, de que su papel es el de territorio de paso, de que las decisiones importantes se toman en otro sitio y aquí solo queda aceptarlas.

Esa resignación se ha construido con escándalos sin consecuencias, con políticos que llegan a los cargos para quedarse y no para servir, con la sensación de que votar diferente no sirve de nada. Una vez instalada, es el mejor aliado de quienes quieren que nada cambie.

Mañana se decide si seguimos resignados o si empezamos a exigir.

El PP lleva semanas enviando cartas. Una señora de 67 años está contenta porque le cambiaron el plato de ducha

No es una caricatura. Es la campaña electoral del Partido Popular en Castilla y León. Cartas firmadas por ciudadanos que cuentan lo bien que están. Una de ellas, una señora de 67 años, dice que vive tranquila, que tiene seguridad, y que además le han cambiado el plato de ducha. Y que cuando se muera, su sobrino podrá heredar.

Eso es lo que el PP considera el futuro de Castilla y León. Tranquilidad, un plato de ducha y una herencia. No industria. No jóvenes que se quedan. No infraestructuras que conecten esta comunidad con el resto del mundo. No servicios de salud mental para los que los necesitan. No oportunidades para los que tienen treinta años y están pensando si quedarse o hacer las maletas.

Un plato de ducha. Esa es la ambición que nos proponen para los próximos cuatro años. Y lo peor no es que lo digan. Lo peor es que funciona, porque hemos aprendido a pedir tan poco que ya parece un logro.

Burgos en 2035: industria en el Corredor Atlántico, jóvenes que se quedan, servicios que funcionan

Hay un Burgos posible que no es el que tenemos. Un Burgos en el Corredor Atlántico de verdad, con la terminal de Villafría a la cota que necesita para competir. Un Burgos con la Dirección General de Industria aquí, porque aquí está la industria. Un Burgos con jóvenes que se quedan porque quedarse tiene sentido económico real, no porque les regalen el primer año de universidad y les abandonen en el segundo.

Una ciudad con creatividad, con música, con cultura viva. No una ciudad en declive que mira hacia el espejo de lo que fue. Una ciudad donde los mayores tienen los cuidados que merecen, donde los jóvenes con problemas de salud mental no esperan tres meses para ver a un psicólogo, donde la accesibilidad no depende de si tu comunidad ganó el concurso de la Junta.

Ese Burgos es posible si mañana hay alguien en las Cortes que lo exija.

Mañana no se vota un plebiscito sobre Sánchez: se vota quién negocia los presupuestos que te afectan a ti

Eso es lo que quieren que creamos, porque si lo creemos, el ruido nacional nos impide juzgar lo que ha pasado aquí. Se vota la gestión de Mañueco. Se vota quién va a negociar los presupuestos que financian la sanidad que recibes, la educación de tus hijos, las infraestructuras que conectan tu provincia con el resto del mundo.

Se vota si Burgos tiene o no tiene voz en esa negociación. No una voz que pide permiso a Madrid o a Valladolid para hablar. Una voz propia, que no depende de las directrices nacionales de ningún partido y que no tiene que elegir entre defender a Burgos y mantener su posición en el partido.

En DECIDE Burgos nadie ha venido a ganarse la vida en política

Esa diferencia importa más de lo que parece. Quien viene a ganarse la vida en política tiene un incentivo claro: mantener su posición. No molestar demasiado. No arriesgar. Quien viene porque cree en el futuro de Burgos tiene un incentivo diferente: hacer lo que hay que hacer, aunque moleste, aunque cueste, aunque no salga en los titulares.

No pedimos que nos crean a ciegas. Pedimos que juzguen por lo que hemos hecho: hemos hablado de infraestructuras con datos verificables, de sanidad con propuestas concretas, de industria con nombres y apellidos, de corrupción con expedientes reales. No hemos prometido lo que no podemos cumplir.

Mañana

Mañana, cuando entres en la cabina, piensa en lo que llevamos esperando. En los trenes que no llegaron. En los jóvenes que se fueron. En los mayores que no tienen los cuidados que merecen. En las empresas que exportan el 30% de lo que produce esta comunidad desde una provincia que no tiene ni la Consejería de Industria.

Piensa en la señora del plato de ducha. Y decide si eso es suficiente para ti.

Que tu voto sea útil. Por Burgos. Por ti. Por tu futuro.

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