
En política, el verdadero escándalo rara vez es el hecho inicial. Lo que verdaderamente define la salud democrática de una ciudad no es que ocurran estas cosas, sino lo que sucede el día después de que se descubran. En Burgos, cuando no hay interés en mover el árbol, se estila el silencio impuesto: el que protege al que manda y deja al ciudadano sin respuesta.
El caso de Borja Suárez, concejal del Ayuntamiento de Burgos y presidente de la Diputación Provincial, ha dejado de ser un problema de incompatibilidades para convertirse en una radiografía perfecta de cómo funciona la impunidad institucional en nuestra ciudad.
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