
El mandato en Burgos se ha sostenido sobre una arquitectura frágil, apuntalada por tres varillas que explican más que cualquier discurso: la incoherencia política, la obediencia a intereses externos y la ausencia de una oposición capaz de articular una alternativa.
Con esos mimbres, el gobierno ha sobrevivido, pero la ciudad no ha avanzado.
La primera varilla: Incoherencia
La primera varilla fue la incoherencia. Se defendió que debía gobernar la lista más votada… hasta que dejó de serlo. Se criticaron los pactos con Vox… hasta que hicieron falta para ser investida. Y cuando ese mismo socio exigió lo pactado, cuando pidió lo que se había firmado, se le expulsó con una disculpa que nadie creyó.
Pactas para llegar y, cuando ya has llegado, rompes el pacto. No hay mayor pérdida de credibilidad que no tenerla ni ante tu propio socio.
La segunda varilla: Oposición desarticulada
La segunda varilla es la debilidad de una oposición desarticulada. Partidos nacionales que no pueden ni mirarse, incapaces de construir un acuerdo mínimo, atrapados en dinámicas que no tienen nada que ver con Burgos.
Esa incapacidad ha sido el mejor aliado del gobierno: no por mérito propio, sino por la imposibilidad ajena. Cuando la oposición no puede sumar, el gobierno no necesita convencer.
La tercera varilla: Mecanismos extraordinarios
La tercera varilla está siendo el uso de mecanismos extraordinarios como si fueran ordinarios para aprobar un presupuesto. La cuestión de confianza, pensada para situaciones límite ante la imposibilidad de convocar elecciones se ha convertido en la herramienta para gobernar sin pactar.
Se pierde, pero se gobierna igual. Se presenta como valentía lo que en realidad es debilidad: la incapacidad de negociar, de acordar, de sumar apoyos reales. Y así se navega: a golpe de procedimiento, sin diálogo, sin consensos y sin avances.
"Un gobierno que no lidera, sino que resiste. Una ciudad que no avanza, sino que espera."
El resultado: Supervivencia, no gobierno
El resultado es un mandato que no se sostiene por su proyecto, sino por sus varillas. Un gobierno que no lidera, sino que resiste. Una ciudad que no avanza, sino que espera. Y una ciudadanía que ve cómo se imponen decisiones sin respaldo, sin acuerdos y sin la mínima voluntad de construir algo compartido.
Burgos no puede seguir gobernada desde la incoherencia, la debilidad y la imposición. Burgos necesita política útil. Y la política útil empieza por decir la verdad, cumplir la palabra y buscar acuerdos.
Todo lo demás son varillas. Y las varillas, tarde o temprano, se rompen si no son flexibles.
No te pierdas ninguna actualización
Recibe análisis y propuestas de Decide Burgos en tu correo.
