
Burgos es, sobre el papel, uno de los nudos logísticos más importantes de la Península Ibérica. Por su término confluyen tres de las principales arterias de comunicación del norte de España: la A-1 hacia Madrid, la A-231 hacia el Mediterráneo y el eje que conecta el Cantábrico con el interior. La ciudad presume, con razón, de ser el cruce de caminos de Castilla. El problema es que ese cruce lleva décadas deteriorándose, y lo que debería ser una ventaja competitiva se ha convertido en una trampa: Burgos está en el mapa, pero cada vez más aislada en la realidad.
Este artículo no es un inventario de quejas. Es un análisis de cómo las decisiones políticas —o la ausencia deliberada de ellas— han convertido a Burgos en una provincia que espera. Que siempre espera. Y que empieza a sospechar que esa espera no es accidental.
La N-234: la promesa que el PP tumbó en las Cortes
La N-234 entre Burgos y Soria es, según el RACE, una de las carreteras más peligrosas de Castilla y León. Atraviesa núcleos de población, soporta un tráfico pesado intenso y acumula un historial de accidentes mortales que se repite año tras año. Es también, desde febrero de 2022, una promesa electoral.
En aquella campaña, Alfonso Fernández Mañueco prometió convertirla en una vía de alta capacidad. Ganó las elecciones. Y en mayo de 2023, el PP votó en las Cortes de Castilla y León en contra de la propuesta de Soria ¡YA! para realizar el estudio previo de la infraestructura. Cuando se le preguntó, Mañueco aclaró que nunca prometió una autovía autonómica, sino "mejorar su trazado". La letra pequeña de la promesa.
Lo que hay a día de hoy son parches: 3 millones de euros para la travesía de Hontoria del Pinar, 1,3 millones para mejorar un enlace en Cabrejas del Pinar, y 9,8 millones para la variante de Salas de los Infantes —obra adjudicada en febrero de 2025 con un plazo de 36 meses. Inversiones puntuales en una carretera que necesita una solución estructural. La única certeza, parafraseando el lema de campaña del PP, es que la N-234 seguirá siendo una carretera nacional cuando lleguen las próximas elecciones.
La A-12: veinticinco años esperando llegar a Burgos
Si la N-234 es una promesa reciente, la A-12 Burgos-Logroño es una promesa histórica. En febrero de 1999, el ministro de Fomento Rafael Arias Salgado, del Gobierno de Aznar, anunció que la autovía estaría lista en 2010. Han pasado veintiséis años.
El tramo riojano está prácticamente terminado —un 90% ejecutado en octubre de 2025. El tramo burgalés, en cambio, acumula una historia de proyectos aprobados, contratos rescindidos y plazos incumplidos que resulta difícil de resumir sin caer en la incredulidad. El tramo entre Ibeas de Juarros y Burgos capital —el más cercano a la ciudad— lleva meses paralizado. El proyecto de trazado no se aprobó hasta el verano de 2025, con un presupuesto de 126 millones de euros. Aún no se ha licitado.
La N-120 es la carretera con más accidentes mortales de la provincia de Burgos —seis víctimas en 2022— y soporta 7.000 vehículos diarios, de los cuales 1.500 son camiones. Mientras el tramo riojano avanza, el burgalés espera. No es casualidad geográfica: es el resultado de décadas de prioridades políticas que han mirado hacia otro lado.
La A-73: veinte años y solo un tercio construido
Las obras de la autovía A-73 entre Burgos y Aguilar de Campoo comenzaron en 2008. El Gobierno prometió que estarían terminadas en cinco años. Estamos en 2026 y de los 70,75 kilómetros previstos, solo 22 están abiertos al tráfico. Menos de un tercio.
La historia de la A-73 es un catálogo de lo que puede salir mal cuando una infraestructura no es prioridad política. El primer tramo no entró en servicio hasta 2013 —cinco años después de adjudicarse—. Desde entonces, los tramos restantes han pasado por proyectos redactados y desechados, licitaciones desiertas, contratos rescindidos y plazos que se han ido desplazando indefinidamente hacia el futuro. En diciembre de 2025, el Diario de Burgos publicaba que dos tramos estaban "olvidados también sobre el papel": ni en obras, ni en licitación, ni siquiera con proyecto actualizado.
El horizonte más optimista para completar la A-73 va más allá de 2030. Veintidós años después de las primeras obras. La N-627, que discurre en paralelo, sigue siendo la única opción real para conectar Burgos con Aguilar de Campoo y, desde allí, con Cantabria y el corredor cantábrico. Una carretera convencional para un eje que debería ser una autovía.
Las Merindades: la comarca que espera una vía que nunca llega
Si hay un territorio en la provincia de Burgos que ilustra con especial claridad el abandono infraestructural, ese es Las Merindades. La comarca del norte burgalés —con Villarcayo como capital y el Valle de Mena como puerta de entrada al País Vasco— lleva décadas reclamando una conexión digna con el resto de la provincia y con Vizcaya.
La carretera CL-629, que une Burgos con Balmaseda a través de Sotopalacios, Villarcayo y el Valle de Mena, recorre 111 kilómetros por el norte de la provincia. Es la principal vía de conexión de Las Merindades con la capital y con el País Vasco, y soporta alrededor de 7.000 vehículos diarios —incluyendo un tráfico pesado considerable—. Su estado es el de una carretera convencional de los años ochenta: travesías urbanas sin variante, tramos con visibilidad reducida, puntos negros de siniestralidad acreditados.
La reivindicación histórica de la comarca era convertirla en autovía —la A-629—. Esa posibilidad lleva años descartada por la Junta. La alternativa que se negoció fue una vía rápida de tipo 2+1 (dos carriles alternos) en los últimos 10 kilómetros hasta el límite con Vizcaya. En enero de 2020, todos los alcaldes de la comarca firmaron un documento de apoyo a esa solución. Cinco años después, el proyecto sigue sin ejecutarse. La Junta ha ido aplazando la obra, alegando en distintos momentos el alto coste —estimado en 23 millones de euros—, la falta de consenso entre municipios y la necesidad de estudios adicionales. Mientras tanto, en noviembre de 2023 optó por reducir el límite de velocidad en varios tramos de 80 a 60 km/h. La solución al problema de seguridad fue frenar el tráfico, no mejorar la carretera.
En diciembre de 2025, la Junta adjudicó por 3,18 millones de euros un contrato de refuerzo de firme en el tramo entre la BU-554 y el límite con Euskadi —20 meses de plazo, finalización prevista para julio de 2027—. Vía Burgalesa, la plataforma ciudadana que lleva años reclamando la autovía, calificó la actuación de "parchazo". La Diputación de Burgos reclamó en enero de 2025, por unanimidad, una inversión de 3,2 millones adicionales para reforzar los tramos de mayor riesgo. Las Cortes aprobaron en abril de 2025 una proposición no de ley instando al Gobierno autonómico a diseñar un plan para eliminar los puntos negros antes de que termine la legislatura. Una PNL, conviene recordarlo, no obliga a nada.
Y mientras la CL-629 espera su reforma, la N-232 —la otra gran arteria del norte de Burgos, que discurre por el Desfiladero de Los Hocinos— lleva cortada desde el 2 de febrero de 2026 por un desprendimiento de rocas que derribó el muro de contención y dejó inutilizable la calzada entre Valdenoceda e Incinillas. El Ministerio de Transportes ha activado un procedimiento de emergencia para la reconstrucción. Pero mientras duren las obras, Las Merindades está comunicada con el resto de España por carreteras secundarias de montaña. En pleno invierno. En 2026.
El patrón: certezas o promesas
| Infraestructura | Primera promesa | Estado en marzo 2026 | Años de espera |
|---|---|---|---|
| A-12 Burgos-Logroño | 1999 (Gobierno Aznar) | Tramo burgalés sin licitar | 27 años |
| A-73 Burgos-Aguilar | 2005 (primer proyecto) | Solo 22 de 70 km abiertos | 21 años |
| N-234 vía alta capacidad | 2022 (Mañueco) | Parches puntuales | 4 años |
| CL-629 vía rápida 2+1 | 2020 (acuerdo alcaldes) | Sin ejecutar. Refuerzo de firme | 6 años |
| N-232 Hocinos | — | Cortada por emergencia desde feb. 2026 | — |
Hay un patrón en todo esto. No es la geografía —Burgos está bien situada. No es la falta de demanda —el tráfico existe y crece. No es la falta de proyectos —los hay, algunos con décadas de antigüedad. Lo que falta, sistemáticamente, es la ejecución. Y lo que sobra, con igual sistematicidad, son las promesas electorales que se evaporan en cuanto pasa el día de las elecciones.
Burgos es una provincia que vota mayoritariamente al PP desde hace décadas. En ese contexto, los gobiernos del PP —tanto en Madrid como en Valladolid— han dado por descontado su apoyo electoral sin necesidad de ejecutar las inversiones prometidas. No hay incentivo político para cumplir cuando el voto está garantizado de antemano. El resultado es el peor de los mundos: una provincia que no presiona porque confía en el partido de siempre, y un partido que no cumple porque sabe que la provincia seguirá confiando.
Cuando Mañueco dice "Aquí, certezas", habría que preguntarle cuál es la certeza para Burgos. ¿La certeza de que la A-12 llegará algún día? ¿La certeza de que la A-73 se terminará antes de 2030? ¿La certeza de que Las Merindades tendrá una carretera que no se caiga a pedazos? ¿La certeza de que los Hocinos reabrirán antes de que llegue el verano?
Las carreteras no son solo asfalto. Son la diferencia entre un territorio que vive y un territorio que se vacía. Cada kilómetro sin construir es un argumento más para que un joven de Villarcayo o de Valle de Mena decida que su futuro está en otra parte. Vertebrar el territorio no es un eslogan: es una decisión política. Y en Burgos, esa decisión lleva demasiado tiempo sin tomarse.
Carolina Blasco es miembro de DECIDE Burgos.
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