En Burgos votamos, pero no decidimos. Nuestro voto sirve para teñir mapas —rojos, azules y ahora también verdes—, pero no para orientar el futuro de esta tierra.
Las decisiones que importan se toman lejos de aquí, en despachos donde Burgos es un cuadradito más en un tablero nacional.
Los colores cambian, el olvido permanece
Los grandes partidos ajustan estrategias, cambian líderes, redibujan alianzas… pero Burgos sigue sin aparecer en el centro de nada. Somos un territorio que se usa para equilibrar mayorías, no para construir un proyecto propio.
Ahora se ha abierto el debate sobre la financiación autonómica. Abierto, sí; con posibilidades reales de avanzar, no. Es una teatralización. Mucho gesto, poca intención. Porque cuando llegue el momento de elegir entre dispersión o población, entre Burgos o Madrid, la pregunta es inevitable: ¿quién va a defendernos?
Una respuesta desalentadora
Y la respuesta, por desgracia, no es alentadora. Un partido que gobierna en territorios con intereses tan distintos no puede defender a todos por igual. No es lo mismo hablar desde Galicia que desde Madrid. No es lo mismo defender la España dispersa que la España concentrada.
Y en ese choque de prioridades, Burgos suele quedar en el pasillo, esperando un turno que nunca llega.
"Nuestro voto no puede seguir siendo un trámite para legitimar decisiones ajenas."
Si las decisiones se toman fuera, si nadie levanta la mano por Burgos cuando toca, si cada reforma territorial nos deja un poco más atrás, entonces necesitamos algo distinto: una voz propia, una política útil, una representación que piense en Burgos y no en obedecer a Madrid o a Valladolid.
Burgos decide su rumbo
Porque si no defendemos nosotros la dispersión, nadie lo hará. Si no defendemos nosotros la financiación justa, nadie lo hará. Si no defendemos nosotros el futuro de nuestros jóvenes, nadie lo hará.
Burgos no vota para colorear mapas.
Burgos vota para decidir su rumbo.
Carrusel: Burgos no vota para colorear mapas

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