
El proyecto del Mercado Norte se ha convertido en el símbolo de la parálisis urbanística de Burgos. Años de anuncios, renders y maquetas que no se traducen en ladrillos, mientras los comerciantes resisten en una instalación provisional que amenaza con volverse definitiva.
No es solo un mercado; es el corazón comercial de una zona que necesita revitalización urgente. Pero en lugar de grúas, lo que vemos son titulares. En lugar de obras, vemos excusas. Y en lugar de un mercado moderno, vemos un solar que espera.
La política de la maqueta
Burgos se ha acostumbrado peligrosamente a la "política de la maqueta". Se presentan proyectos espectaculares, se hacen fotos, se prometen plazos... y luego llega el silencio. El Mercado Norte es el ejemplo más doloroso, pero no el único.
¿Cuántas veces se ha "desbloqueado" este proyecto? ¿Cuántas veces se ha anunciado el "inicio inminente"? La realidad es tozuda: el mercado viejo sigue ahí (o su hueco), y el nuevo sigue en el disco duro de un ordenador.
Lo que Burgos necesita
Burgos no necesita más renders. Necesita gestión. Necesita un Ayuntamiento que sea capaz de licitar, adjudicar y ejecutar sin perderse en laberintos burocráticos o en disputas políticas estériles.
El comercio local se muere mientras los políticos discuten sobre quién tiene la culpa del retraso. Y la culpa, al final, es de una forma de hacer política que prioriza el anuncio sobre el hecho.
"Menos renders y más ladrillos. Menos promesas y más realidades."
Si queremos que el Mercado Norte sea una realidad, necesitamos cambiar la forma de gestionar el urbanismo en esta ciudad. Dejar de vender humo y empezar a poner cimientos.
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