
A las 2:12 horas de la madrugada del martes 21 de abril de 2026, una llamada completamente inesperada alertó al cuerpo de bomberos de Burgos: las cocheras de autobuses urbanos, situadas en la carretera de Poza, estaban en llamas. Los equipos de emergencia acudieron al lugar en un plazo de ocho minutos. Aunque consiguieron controlar el incendio hacia las 3:40 horas, los daños resultaron ya irreparables.
Treinta y nueve autobuses quedaron completamente calcinados. Este número representaba más de la mitad de la flota municipal gestionada por el Servicio Municipalizado de Movilidad y Transportes (SMYT) de Burgos, reducida a escombros en poco más de hora y media. Las instalaciones de las cocheras y el taller asociado fueron totalmente destruidas. Las únicas dependencias que lograron salvarse del fuego fueron las oficinas administrativas.
Un conductor que se encontraba de servicio aquella noche logró retirar varios vehículos del recinto antes de que las llamas alcanzaran su máxima intensidad. Debido a la inhalación de humo, recibió atención médica en el Hospital Universitario de Burgos. Afortunadamente, no se produjeron víctimas mortales, aunque las pérdidas materiales son de una magnitud considerable.
La alcaldesa, Cristina Ayala, informó sobre lo ocurrido a través de sus redes sociales durante la misma madrugada. En las primeras horas de la mañana confirmó que los daños económicos son “muy cuantiosos” y que la afectación al servicio de transporte público resulta “significativa”. A las 5:30 horas ya habían comenzado a circular los primeros autobuses, utilizando los vehículos que no se hallaban en las cocheras durante el incendio, aunque el servicio se mantuvo operando con una capacidad muy reducida.
Las líneas 7, 9, 10, 15 y 20 han suspendido temporalmente su servicio. Estas rutas conectan áreas como el Barrio del Pilar, Parque Europa, el Centro Histórico y Fuentes Blancas, entre otros puntos de la ciudad. El Ayuntamiento, en coordinación con los servicios técnicos, se encuentra reorganizando las operaciones con los vehículos que permanecen operativos, una tarea considerable dado que, antes del incendio, la flota de Burgos contaba con 73 autobuses para cubrir 23 líneas diurnas y 2 nocturnas de fin de semana, transportando diariamente a unos 44.200 usuarios.
La destrucción de 39 vehículos reduce la flota disponible a aproximadamente 34 unidades. Con esta capacidad resulta imposible mantener la totalidad del servicio previo. Las próximas semanas se presentan particularmente complicadas para aquellos ciudadanos que utilizan el transporte público de forma habitual.
Las causas del incendio permanecen bajo investigación en estos momentos. Lo que se ha establecido es que el fuego comenzó en horario nocturno, cuando las instalaciones se encontraban prácticamente sin personal, y que su propagación fue extremadamente rápida: en menos de dos horas consumió las cocheras y el taller. Esta velocidad de expansión podría indicar ciertas condiciones en las instalaciones o la naturaleza de los materiales allí almacenados, aunque es prematuro extraer conclusiones definitivas.
Un hecho ampliamente reconocido es que las cocheras de la carretera de Poza llevaban años siendo consideradas obsoletas. La discusión sobre su traslado a unas instalaciones más modernas y adecuadas ya formaba parte de la agenda municipal desde hace tiempo. A raíz de lo sucedido esta madrugada, ese debate ha adquirido una urgencia de primer orden.
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